A qué temperatura poner la calefacción en casa
Cuando llega el frío, la misma pregunta se repite en casi todos los hogares: a qué temperatura poner la calefacción para estar a gusto sin que se dispare la factura. Es un equilibrio delicado, porque intervienen tres cosas a la vez: el confort, el ahorro y la salud. La buena noticia es que ese punto de equilibrio existe y está bastante estudiado. En este artículo te explicamos cuál es la temperatura ideal de la calefacción, qué factores debes tener en cuenta para acertar en tu vivienda concreta y cómo sacar el máximo partido a tu instalación.
Adelantamos la idea principal: la temperatura de calefacción en invierno recomendada se mueve, durante el día, entre los 19 y los 21 °C, y por la noche entre los 15 y los 17 °C. A partir de ahí, todo son matices que conviene conocer para adaptarlos a tu caso.
Cuál es la temperatura ideal de la calefacción
Empecemos por matizar el propio concepto: los expertos prefieren hablar de temperatura recomendada más que de temperatura ideal, porque la cifra perfecta depende de cada persona y cada vivienda. Dicho esto, hay un consenso claro sobre a qué temperatura se pone la calefacción para lograr bienestar, eficiencia y salud a la vez.
- Durante el día: entre 19 y 21 °C. Es el rango en el que la mayoría de las personas se siente cómoda realizando actividades cotidianas. La llamada «temperatura neutra» —cuando no se siente ni frío ni calor— se sitúa en torno a los 20 °C para una persona en reposo y medianamente abrigada, según estudios de la Universidad Técnica de Dinamarca. Ese es un buen punto de referencia como temperatura aconsejable de calefacción.
- Durante la noche: entre 15 y 17 °C. Al dormir arropados no necesitamos tanto calor, así que la temperatura ideal de calefacción baja. No conviene bajar de 15 °C, pero mantenerla en torno a 17 °C es más que suficiente para descansar bien.
Hay dos referencias que ayudan a poner estas cifras en contexto. Por un lado, la temperatura mínima saludable en una vivienda se sitúa en los 18 °C: por debajo se considera que se pasa frío. Por otro, la normativa fija en 19 °C el límite de calefacción en edificios públicos y comerciales, una cifra pensada precisamente para ahorrar energía sin renunciar al confort. Son dos buenos anclajes para decidir a cuántos grados poner la calefacción en casa.
Y un dato que lo cambia todo cuando piensas en la factura: cada grado que bajas supone en torno a un 7 % de ahorro en el consumo de calefacción, según la OCU. Teniendo en cuenta que la media de los hogares españoles ronda los 21,3 °C, bajar simplemente a 20 °C ya se nota en el recibo sin que apenas notes la diferencia de confort. Ahí está la clave del equilibrio.
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Aspectos a tener en cuenta para tener la temperatura perecta
La cifra recomendada es un punto de partida, pero la temperatura para calefacción perfecta en tu casa depende de varios factores. Ajustarlos bien es lo que marca la diferencia entre una casa confortable y eficiente y otra que gasta de más. Estos son los aspectos que más influyen:
Las características de tu vivienda. No todas las casas se comportan igual. El aislamiento térmico es determinante: una vivienda bien aislada mantiene el calor y necesita menos grados en el termostato, mientras que una con cerramientos deficientes pierde calor constantemente. También cuentan la orientación (las estancias que reciben sol se caldean solas), las dimensiones y el número de radiadores: si son insuficientes para la superficie, tendrás que subir la temperatura para notar el mismo confort, gastando más.
Quién vive en casa. Las necesidades cambian mucho según las personas. Los bebés y las personas mayores son más sensibles al frío porque su temperatura corporal es menor, de modo que sus habitaciones pueden estar algo más cálidas, en torno a 22 °C de día y entre 18 y 20 °C de noche. Además, cuantas más personas habitan una vivienda, más se caldea de forma natural el ambiente.
Una temperatura por cada estancia. No tiene sentido calentar por igual toda la casa. Puedes optimizar mucho el consumo asignando a cada espacio la temperatura que realmente necesita:
- Salón, comedor y zonas de estudio o trabajo (actividad sedentaria): 20–21 °C.
- Dormitorios: 18 °C de día y unos 17 °C para dormir.
- Cocina: basta con 18 °C, porque genera calor por sí misma.
- Baños: 18 °C, subiéndolos un poco en el momento de la ducha.
- Pasillos, trasteros o estancias que no se usan: 17 °C o apagados.
Para poder aplicar esto de forma cómoda existen las válvulas termostáticas en los radiadores, que permiten regular cada estancia por separado, y los termostatos programables, que encienden y apagan la calefacción según el horario real de uso de la casa. Son una pequeña inversión que se traduce en un ahorro notable, porque evitan calentar espacios vacíos o mantener la casa caldeada cuando no hay nadie.
Evita el exceso de calor. Poner la calefacción muy alta no solo dispara la factura: también es contraproducente para la salud. Por encima de 23–24 °C aparecen problemas como sequedad de piel y mucosas, dolores de cabeza, peor descanso y mayor propensión a alergias. Más caliente no es mejor; el objetivo es una temperatura estable y moderada, no un horno.
Estimación orientativa. El efecto en la factura se calcula con la regla de referencia de aproximadamente un 7 % de consumo por cada grado (OCU); el gasto real depende de tu equipo, aislamiento y tarifa.
Temperatura recomendada de la calefacción según el momento del día:
| Momento | Temperatura |
|---|---|
| Día (recomendada) | 19 – 21 °C |
| Noche | 15 – 17 °C |
| Mínimo saludable | 18 °C |
| Exceso (a evitar) | Más de 23 – 24 °C |
Conclusiones
La temperatura recomendada para la calefacción en invierno es de 19 a 21 °C durante el día y de 15 a 17 °C por la noche, con los 20 °C como referencia de confort para la mayoría de las personas. No conviene bajar de 18 °C (mínimo saludable) ni superar los 23–24 °C, un exceso que perjudica la salud y encarece la factura sin aportar bienestar. Y recuerda el dato de oro: cada grado de menos supone alrededor de un 7 % de ahorro.
Más allá de la cifra, la clave está en adaptarla a tu vivienda —aislamiento, orientación, número de radiadores— y a quienes viven en ella, y en apoyarte en herramientas como las válvulas termostáticas y el termostato programable para no calentar de más. Todo esto, eso sí, parte de una base imprescindible: una instalación bien dimensionada y en buen estado. Si tu casa no alcanza una temperatura confortable con un consumo razonable, es posible que el problema esté en la instalación: una caldera mal ajustada o unos radiadores insuficientes obligan a forzar el termostato.
En Caldera y Calderas somos especialistas en la instalación de calderas y sistemas de calefacción en Madrid, Castilla La Mancha y Castilla y León. Si estás pensando en instalar o renovar tu caldera o tus radiadores, te asesoramos sin compromiso para dimensionar el equipo adecuado a tu vivienda, de modo que alcances la temperatura ideal gastando lo justo.
FAQ’s sobre la temperatura recomendada para la calefacción
Como norma general, entre 19 y 21 °C durante el día y entre 15 y 17 °C por la noche. Los 20 °C son una buena referencia de confort para la mayoría de las personas. Conviene no bajar de 18 °C, que es el mínimo saludable, ni superar los 23–24 °C, porque el exceso de calor perjudica la salud y encarece la factura sin mejorar el bienestar.
Cada grado que bajas en el termostato supone alrededor de un 7 % de ahorro en el consumo de calefacción. Como la media de los hogares españoles ronda los 21 °C, bajar a 20 °C ya se nota en la factura y apenas se percibe en el confort. Es la forma más sencilla de ahorrar: pequeños ajustes de uno o dos grados, no grandes renuncias.
Por la noche basta con mantenerla entre 15 y 17 °C, ya que al dormir arropados no necesitamos tanto calor. No es recomendable bajar de 15 °C, sobre todo si la vivienda está poco aislada, para evitar que se enfríe demasiado. En habitaciones de bebés o personas mayores puede subirse un poco, hasta los 18–20 °C.
Depende del aislamiento de la vivienda, pero como regla general es más eficiente ajustar el funcionamiento al horario real de uso que mantenerla encendida constantemente. Un termostato programable permite que la calefacción se encienda poco antes de que llegues a casa o te levantes, y se apague o baje cuando no hace falta, evitando calentar la vivienda vacía.
Suele deberse a factores de la vivienda o de la instalación: un aislamiento deficiente que deja escapar el calor, un número de radiadores insuficiente para la superficie, o una caldera mal dimensionada o mal ajustada. Subir el termostato en esos casos solo aumenta el gasto sin resolver el problema de fondo. Lo más recomendable es que un técnico valore si la instalación está bien dimensionada para tu casa.